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Hallo, Tschüs oder…? (serie B. Sick)

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Bild: aboutpixel.de / Manuel Pfeiffer

Recuerdo con cariño a un alumno principiante que tuve hace años que solía entrar en clase saludando alegremente con un airoso: -Guten! Ante lo que yo siempre reaccionaba y le corregía asegurándole que, en ambientes informales, podía saludar con: –Morgen! o -Tag! o –Abend! (dependiendo siempre de la franja horaria). Contestaba él que, ante la duda de si acertaría con la franja horaria (no se acostumbraba al horario alemán), prefería optar por el -Guten! (probablemente confiaba equivocadamente en la equivalencia con nuestro castizo: -¡Buenas!). Por más que le explicaba que se trata de un adjetivo declinado en acusativo antepuesto a un sustantivo masculino singular, y que no se podía utilizar sin éste, él insistía en saludar así: le di por imposible.)

¿Conseguirá la Directora de un colegio de Passau (Baviera) que sus alumnos sí respeten su singular prohibición? Comenta Sick el anacrónico edicto que saltó a la prensa el pasado curso académico: en el colegio bávaro en cuestión se prohibió el uso de las palabras Hallo y Tschüs para saludar por su carácter irrespetuoso. Se pretendía instar de este modo a los alumnos a utilizar de nuevo expresiones “clásicas”  como Guten Tag! Grüß Gott! o Auf Wiiedersehen!. Ironiza Sick sobre el tema, llamando la atención sobre la gran suerte de los bávaros, si sus mayores problemas residen en estos conflictos terminológicos, ya que en otras zonas urbanas de Alemania ya se contentan los profesores con que los alumnos les dirijan una mirada perdida al entrar en clase e, incluso, en ocasiones contadas, que se dignen a pronunciar un: Morgen!, Tach! (=Tag) o Na! en voz susurrante.

Al hilo de ello recuerda Sick la etimología de la palabra Tschüs que, curiosamente, procede de la española adiós y que los navegantes españoles transportaron a los Países Bajos españoles, donde pasó a ser atjüs y posteriormente  tschüss en el norte de Alemania.

Tschüs! Auf Wiedersehen!

 

Tante, Pipi machen! (serie B.Sick)

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Los momentos inexcusables, son inexcusables en todas las lenguas y situaciones. Todavía recuerdo en el
Kindergarten cuando levantábamos la mano con energía y, a veces, desesperación, rogando turno a nuestra profesora para ir al cuarto de baño con el ruego: Tante, Pipi machen!  Mi madre siempre cuenta que era lo primero que aprendímos en alemán al entrar al Kindergarten (la necesidad obliga), hubo alguno de nosotros que tardó en aprender la preciada frase, con las consecuencias previsibles (problemas inherentes al bilingüismo precoz). También Bastian Sick dedica un capítulo a tratar el tema. Y creo que con mucha razón, saber cómo excusarnos de forma correcta en lengua extranjera cuando ya no vamos al Kindergarten no es tema baladí. Sick hace un recorrido por todas las opciones y afirma que, hasta la fecha, no hay consenso sobre la forma más adecuada de excusarse en lengua alemana. Entre las posibles opciones cita Sick:

Ich muss mal,Ich muss mal pinkeln (opción que parece haberse convertido en un estándar en ambientes familiares). Fuera del ámbito privado, los términos pinkeln y pissen son totalmente inadecuados.

Podemos escoger té o café (el efecto es el mismo) y, en entornos formales, pronunciar la siguiente frase:

Entschuldigen Sie mich bitte, der Kaffee (der Tee) treibt.

La perífrasis Ich muss dann mal für kleine Mädchen o für kleine Jungs (si estamos en el sur de Alemania für kleine Buben) es un recurso muy utilizado también en entornos coloquiales y habitualmente recurren a ella curiosamente personas que dejaron la infancia hace algunas décadas.

Urinieren o harnlassen pertenecen a la jerga clínica, son términos no aptos para el consumo a no ser que nos dediquemos a las nobles profesiones médicas.

Como alternativas elegantes para entornos no familiares, y como sucede en otras lenguas, cita Sick perífrasis que evitan nombrar la situación en sí, por ejemplo:

Wenn Sie mich für einen Augenblick entschuldigen würden?

Y si buscamos el lugar en un restaurante o similar, acudiremos al extranjerismo francés, tan bien sonante y elegante (el francés siempre suena elegante, inlcuso en estos casos):

Wo bitte, befinden sich die Toiletten?  Podemos incluso recurrir a la abreviatura auf die Tö gehen.

Por último, propone medir el efecto en nuestros interlocutores expresándonos como en la famosa película americana:

Ich will mich mal die Nase pudern. Algo anacrónico ¿o no tanto?

 

Por el laberinto de la lengua alemana con humor (de la mano de Bastian Sick)

Todos hemos recurrido alguna vez a las diez razones “oficiales” para aprender alemán -todavía las podemos consultar, por ejemplo, en las páginas del Goethe Institut– Son los argumentos que, antes de la desgraciadamente ya prolongada crisis económica, solíamos esgrimír los profesores de alemán para captar a algún alumno despistado y no decidido del todo por el francés, o por el italiano, y así poder justificar nuestras lentejas y aumentar el número de estudiantes en nuestras aulas.

Una vez superado el bache (creo que los docentes de lengua alemana somos de los pocos gremios que nos hemos beneficiado de alguna manera de esta maldita crisis), y con nuestras aulas por primera vez en la historia repletas de alumnos (de todos es conocido que el país germano es uno de los más atractivos por su oferta laboral para nuestros jóvenes), podemos permitirnos un poco de humor, os propongo, por ello, la lectura de las diez buenas razones de Bastian Sick para aprender alemán, entre ellas, por ejemplo, la primera:

(1) Damit man auf Mallorca nicht für einen Ausländer gehalten wird.
(Para que nadie nos tome por extranjero en Mallorca),

o la tercera:

(3) Damit man seine Freunde durch Wörter wie »Fußballweltmeisterschaftsendrundenteilnehmer« oder »Überschallgeschwindigkeitsflugzeug« beeindrucken kann.
(Para dejar anonadados a nuestros amigos pronunciando palabras como »Fußballweltmeisterschaftsendrundenteilnehmer«  (finalistas de la copa del mundo de fútbol) o »Überschallgeschwindigkeitsflugzeug« (avión supersónico).

O, incluso, la sexta:

(6) Damit man es als Porsche-Fahrer nicht nur allen zeigen, sondern auch noch allen sagen kann, dass der Wagen weder  »Porsch«, noch »Porschie« ausgesprochen wird.

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(Para, como conductores de Porsches que somos, no sólo poder mostrar nuestro coche a todo el mundo, sino también poder explicarles que su nombre  no se pronuncia “Porsch” ni “Porschie”).

Bromas aparte, Bastian Sick logra enganchar a sus lectores repasando errores frecuentes de la gramática, léxico y registros de la lengua alemana de una manera muy amena y cargada de humor e ironía. Sus columnas de la revista Spiegel dedicadas a descifrar este laberinto de la lengua alemana se han recopilado en una serie de 5 libros bajo el muy significativo título de: »Der Dativ ist dem Genitiv sein Tod«. (El dativo supone la muerte del genitivo)

Dedicaré algunas entradas a reseñar algunos de sus capítulos más interesantes y las podréis reconocer por el subtítulo: Por el laberinto de la lengua alemana con humor (de la mano de Bastian Sick).